Caminar por una tierra sin mapas
La Historia, como el amor, no avisa. Cae en el momento menos pensado. Y las películas que se basan en novelas siempre acentúan el lado sentimental de las tramas. Cuando se hizo mundialmente famosa la película El paciente inglés, estrenada hace treinta años, a fines de 1996, la novela de Michael Ondaatje, publicada en 1992, había tenido un muy buen recorrido de prestigio para ser una novela que no es precisamente fácil de leer. El mismo año de su publicación obtuvo el mayor premio en lengua inglesa, el Booker Prize, aunque compartido con otra novela de Barry Unsworth. En 2018, el Booker Prize decidió elegir a la mejor novela de los cincuenta años del premio, con una selección previa que había establecido la mejor novela de cada década. La que representó a toda la década de los noventa, El paciente inglés, terminó ganando el Golden Booker Prize, es decir, la mejor novela premiada a lo largo de cincuenta años del galardón. Ondaatje no había sido un novelista de bestsellers. Más bien, ha hecho lo contrario. Desde los 20 años publicó básicamente poesía, concretamente ocho libros de poemas, y ese tratamiento poético se percibe en sus novelas, a las que les dedica largos períodos de escritura, entre cinco y siete años de documentación y pulimiento. Preocupado por construir una sólida carrera literaria más que éxitos comerciales, el fenómeno que provocó la película premiada no mermó su pausado ritmo de trabajo. Tuvieron que pasar ocho años para su siguiente novela, El fantasma de Anil. Y a la fecha su última novela, Luz de guerra, data de 2018, aunque volvió a la poesía con A Year of Last Things (2024).